// July 27th, 2009 // 2 Comments » // seattle
Poneos en mi situación: habéis estado todo el día con entrevistas que os han llevado al límite, os dicen que habéis terminado y sabéis que todas han salido bien, pero cuando parece que todo se ha acabado con final feliz, os dicen que queda otra… ¡eso es otra oportunidad para estropearlo todo!
Si había estado tranquilo durante todo el día, al subirme al shuttle que me llevaría hasta la última entrevista, sí me puse nervioso. “¿Y si va y ahora me sale mal?” “¿me lo estoy jugando todo a una entrevista?“… vamos, esos pensamientos que conseguí eliminar de la experiencia de París y que tan malos demostraron ser.
Afortunadamente, el campus es grande (como os dije hace unos días) y me dio tiempo a pensar bien las cosas y tranquilizarme de nuevo: “acuérdate de lo que te han dicho de los despidos… no tienes nada que perder“.
El entrevistador resultó ser uno de los más simpáticos a pesar de tener más peso que el resto; estuvimos charlando la mayor parte del tiempo y las preguntas fueron fáciles… creo que más bien quería ver cómo era en lugar de ponerme en aprietos.
No obstante, me hizo una broma que me puso el corazón a mil: estando delante de la pizarra blanca me dijo “ahora voy a hacerte la pregunta más difícil del día“, yo tragué saliva con dificultad y empezó a dibujar unas tablas con números y letras… me pidió que marcara cuáles eran las inserciones, eliminaciones y modificaciones… “¿a que ha sido la pregunta más difícil? jajaja“… no sabía si reir con él o llorar, y afortunadamente, la pregunta que vino después (real esta vez, pero utilizando las tablas) no fue difícil.
El día de entrevistas terminó volviendo a Michelle: estuvimos un rato charlando y no pude quitar la sonrisa de la cara, que ya contestaba por mí a la pregunta de cómo me había ido durante todo el día.
No me importó que me recordara la improbabilidad de recibir una oferta de trabajo, yo estaba contento por haber hecho todas las entrevistas bien; me había demostrado a mí mismo que podía y que lo había hecho… más que suficiente, teniendo en cuenta las expectativas nulas creadas por la mañana.
Ximo y Elena me recogieron en coche y nos fuimos a celebrar el éxito de día con una cena en The Cheesecake Factory, en Bellevue. Los cuatro días habían pasado muy rápido y al día siguiente tenía que coger un avión de vuelta a Chicago para saltar de allí a Londres.
No se si fue por la adrenalina que aún recorría mi cuerpo, por el subidón de azúcar de la cena, por la felicidad de verme con las entrevistas terminadas con éxito o por la de verme tan cerca de Ximo y Elena en Redmond… fuera por lo que fuera, recuerdo que aquella noche todo tenía sentido.
Había pasado las entrevistas sin cometer fallos, estaba en USA, con mis amigos y más cerca que nunca del trabajo de mis sueños… en aquel preciso instante, no necesitaba absolutamente nada más, había conseguido lo que quería, y no sabía lo cierto que era aquel pensamiento…