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Microsoft en 2010

// January 4th, 2010 // 6 Comments » // opinión, software, tecnología

2010 tiene una pintorra tremenda para Microsoft, Google y Apple; hoy inicio una miniserie de “lo que más ganas tengo de ver” de cada uno de los tres gigantes… empezando por casa.

Microsoft ha acabado 2009 con sabor agridulce: mientras Windows 7 ya es considerado el mejor SO de la compañía, Windows Mobile 6.5 es una decepción total.

No obstante, 2010 se presenta interesante:

Marzo | Windows Live Wave 4 me tiene intrigado. Espero que los nuevos servicios sean la excusa definitiva para olvidarme de Dropbox y sacar partido a los 25 GB gratuitos de Skydrive.

Junio | Office 2010 por medio de Office Web Apps es uno de mis puntos favoritos: será un cambio cualitativo con respecto a Google Docs y sin gastarse un duro.

¿Octubre?Windows Mobile 7 podría ser al fin (“si y sólo si” se cumplen los rumores) un buen contrincante para el iPhone: integrando Zune (interfaz y funcionalidad) y Xbox Live.

¿Diciembre?Project Natal podría ver la luz antes de Navidad (crucemos los dedos) y si al final es como esto… maaaadre mía.

¡Ahora! | Security Essentials ya puede presumir de dos cosas: tener un nombre horrible y ser considerado con pocos meses de vida pública el mejor antivirus gratuito del mercado.

Que se cumplan dos de los puntos implicaría cambiar de móvil y comprar mi primera consola, así que vamos a dejar que 2010 siga sus pasos, y me pondré a ahorrar por lo que pueda ser.

Primera mudanza: nuevo despacho (parte 1)

// November 3rd, 2009 // 2 Comments » // seattle

El mes de Noviembre es el mes de las mudanzas y la primera de ellas ya está teniendo lugar: mi equipo se muda de edificio.

Tras casi un mes de despacho compartido, me ha tocado recoger mis cosas y prepararme para aterrizar en otro edificio mucho más moderno. ¿Ventajas? tener un despacho propio, ¿desventajas? ¡que en realidad me hubiera encantado seguir compartiendo despacho!

Compartir despacho ha sido el mejor catalizador para empezar en Microsoft; Xingchi, mi compañero, me ha ayudado a no perderme entre tanto recurso y me ha enseñado trucos para aprender más y más rápido. ¿Qué mejor forma de aprender que pegándote a un veterano?

La mudanza, que lleva su tiempo, hace que mi equipo esté de nómada por el campus; cada día ocupamos una sala de conferencias en un edificio distinto, así que yo estoy aprovechando para hacer “turismo” y conocer más a fondo la ciudad el campus de Microsoft.

Cuando esté establecido tengo pensado decorar el despacho (sí, ¡se puede!) así que se aceptan ideas. Y para los curiosos, la foto de arriba es del edificio 19, del lugar donde me hicieron esperar unos minutos antes de empezar la entrevista que me permitiría escribir este post.

Resumiendo la historia con Microsoft

// July 27th, 2009 // No Comments » // seattle

Me doy cuenta del pequeño lio temporal que hay montado en el blog, ya que empecé escribiendo la serie cuando recibí la oferta de trabajo, pero la interrumpí por el tema del visado H-1B.

Aquí tenéis una recopilación de los links por orden cronológico de cómo ocurrió todo:

Fueron muchos meses de incertidumbre, pero al final todo ha valido la pena. :D

Entrevista final de Microsoft en Seattle #6

// July 27th, 2009 // 2 Comments » // seattle

Poneos en mi situación: habéis estado todo el día con entrevistas que os han llevado al límite, os dicen que habéis terminado y sabéis que todas han salido bien, pero cuando parece que todo se ha acabado con final feliz, os dicen que queda otra… ¡eso es otra oportunidad para estropearlo todo!

Si había estado tranquilo durante todo el día, al subirme al shuttle que me llevaría hasta la última entrevista, sí me puse nervioso. “¿Y si va y ahora me sale mal?” “¿me lo estoy jugando todo a una entrevista?“… vamos, esos pensamientos que conseguí eliminar de la experiencia de París y que tan malos demostraron ser.

Afortunadamente, el campus es grande (como os dije hace unos días) y me dio tiempo a pensar bien las cosas y tranquilizarme de nuevo: “acuérdate de lo que te han dicho de los despidos… no tienes nada que perder“.

El entrevistador resultó ser uno de los más simpáticos a pesar de tener más peso que el resto; estuvimos charlando la mayor parte del tiempo y las preguntas fueron fáciles… creo que más bien quería ver cómo era en lugar de ponerme en aprietos.

No obstante, me hizo una broma que me puso el corazón a mil: estando delante de la pizarra blanca me dijo “ahora voy a hacerte la pregunta más difícil del día“, yo tragué saliva con dificultad y empezó a dibujar unas tablas con números y letras… me pidió que marcara cuáles eran las inserciones, eliminaciones y modificaciones… “¿a que ha sido la pregunta más difícil? jajaja“… no sabía si reir con él o llorar, y afortunadamente, la pregunta que vino después (real esta vez, pero utilizando las tablas) no fue difícil.

El día de entrevistas terminó volviendo a Michelle: estuvimos un rato charlando y no pude quitar la sonrisa de la cara, que ya contestaba por mí a la pregunta de cómo me había ido durante todo el día.

No me importó que me recordara la improbabilidad de recibir una oferta de trabajo, yo estaba contento por haber hecho todas las entrevistas bien; me había demostrado a mí mismo que podía y que lo había hecho… más que suficiente, teniendo en cuenta las expectativas nulas creadas por la mañana.

Ximo y Elena me recogieron en coche y nos fuimos a celebrar el éxito de día con una cena en The Cheesecake Factory, en Bellevue. Los cuatro días habían pasado muy rápido y al día siguiente tenía que coger un avión de vuelta a Chicago para saltar de allí a Londres.

No se si fue por la adrenalina que aún recorría mi cuerpo, por el subidón de azúcar de la cena, por la felicidad de verme con las entrevistas terminadas con éxito o por la de verme tan cerca de Ximo y Elena en Redmond… fuera por lo que fuera, recuerdo que aquella noche todo tenía sentido.

Había pasado las entrevistas sin cometer fallos, estaba en USA, con mis amigos y más cerca que nunca del trabajo de mis sueños… en aquel preciso instante, no necesitaba absolutamente nada más, había conseguido lo que quería, y no sabía lo cierto que era aquel pensamiento…

Entrevista final de Microsoft en Seattle #5

// July 23rd, 2009 // 4 Comments » // seattle

¿Por dónde íbamos? Ah sí, por la comida-entrevista. Ya había leído que era una práctica normal, pero no me imaginaba cómo podía ser, ¿íbamos a estar sentados charlando mientras comíamos?

Cuando me presenté al entrevistador, éste me dijo: “¿tienes hambre? vamos a comer algo“. Al llegar a la zona de cátering (la cuál es absolutamente digna de ver por su tremenda variedad) yo ya había decidido qué iba a comer y pensaba: “pizza es la mejor opción, fácil y rápido“… lo malo es que cogí, sin saberlo, la de salami picante… ¡perfecto para una entrevista!

Mejor cogemos la comida y nos la llevamos a una sala de reuniones” me dijo el entrevistador; la sala era bastante grande y había dos largas pizarras blancas cubriendo una pared. Por ahora sólo había tenido que programar en la pizarra en la segunda entrevista… a mí, francamente, no me gusta nada la sensación de programar en una pizarra, pero debo admitir que los entrevistadores de Redmond supieron como restarle importancia con sus comentarios.

Nos sentamos juntos en uno de los sofás que había en una esquina de la sala y estuvimos hablando de muchas cosas. Desde el primer momento quedó claro que aquel entrevistador iba “a saco”: me hacía preguntas muy rápidas y saltaba de un tema a otro. Me pareció que estaba haciendo tiempo hasta que me comiera la pizza y aceleré, lo cual no habría tenido mayor inconveniente si no fuera por el factor picante… en pocos segundos estaba rojo y sudoroso, reprimiendo la tos mientras contestaba.

De los dos triángulos de pizza que tenía, terminé uno y gracias… ¡menuda comida! Hasta se me había quitado el hambre… y cuando el entrevistador vio que no comía más, me dijo: “¿has acabado? pues coge el rotulador y vamos a la pizarra“. El resto de la entrevista pasó delante de las pizarras, poniéndome a prueba como tester.

La quinta entrevista fue la más difícil, estuve todo el rato programando en otra pizarra blanca en el despacho del entrevistador; conseguí hacer los dos programas que me pidió y aún tuvimos tiempo a charlar unos minutos: “bien hecho, ¿te duele la cabeza?” “un poco” “eso es bueno“.

Eran casi las seis de la tarde y acababa de terminar todas las entrevistas planeadas, así que me hicieron volver al edificio donde todo había empezado; allí Michelle me estaría esperando; sin embargo, al llegar me dijo que había habido un malentendido, y todavía tenía otra entrevista que hacer… la más importante de todas.

Entrevista final de Microsoft en Seattle #4

// July 21st, 2009 // 2 Comments » // seattle

Después de aquella primera entrevista con Michelle

El campus de Microsoft es tan grande que el transporte interno se complica andando; de hecho, Microsoft cuenta con una flota de híbridos y furgonetas que se encargan de mover a la gente de una punta a la otra. Michelle me acompañó a uno de los shuttles y le dio instrucciones al conductor de llevarme al edificio no-sé-cuál y añadió “al final del día nos volveremos a ver… ¡suerte!“.

En aquel edificio tuve la segunda entrevista en persona del día; la verdad es que cambia bastante tener a tu entrevistador delante en lugar de tenerle al otro lado del teléfono… la comunicación es más fluida y además recibes feedback al ver su reacción. El entrevistador era indio pero su inglés era perfecto, con lo que no tuve que preocuparme por analizar ningún extraño acento (como sí me pasó con los franceses de Musiwave).

Siempre que llegas a la parte en la que dicen “muy bien… ¿tienes alguna pregunta que hacerme?” sabes si lo has hecho bien o no… inconscientemente, el cerebro hace un repaso en menos de un segundo a cómo han ido los anteriores 45 minutos. Hacer una pregunta adecuada es algo que también afecta al informe de tu entrevistador y puede ser el broche perfecto para una buena intervención.

Yo recordaba que en París, al final del día, se me habían acabado las buenas preguntas, pero afortunadamente no pasó lo mismo en Redmond: cada entrevistador iniciaba y terminaba su turno con una buena explicación de lo que hacía en el equipo, lo cual daba mucho juego.

Así, la segunda entrevista fue más que bien; me sentía lleno de energía. La tercera entrevista fue memorable: el entrevistador me recogió de la mano del anterior y de camino a su despacho me preguntó si quería tomar algo; yo dije que agua y al acercarnos a la máquina, dudé entre qué botón pulsar de los tres que había.

A pesar de mi daltonismo, las máquinas de agua suelen diferenciar el agua natural de la fría siendo ésta última la servida con el botón de color más oscuro… pero dos de los colores en aquella máquina eran muy parecidos y tardé un poco más en decidir qué botón me daría el agua natural.

¿Por qué os cuento esta chorrada? El entrevistador lo encontró curioso y desembocó en la típica conversación acerca de los problemas que suelo tener en el día a día con mi daltonismo… me preguntó si tenía problemas al respecto al utilizar el ordenador y acabamos hablando sobre sistemas de accesibilidad.

Yo no dejaba de pensar que la conversación estaba muy bien, pero que estábamos comiéndonos el tiempo de la entrevista… al acabar nuestro tiempo, descubrí que aquel hombre trabajaba en un grupo encargado de los sistemas de accesibilidad para Windows, y la situación con la máquina de agua propició, sin que me diera cuenta, la entrevista perfecta enmascarada de charla.

No fue aquella la única experiencia memorable del día, de hecho, uno de los momentos cumbre llegó con la comida-entrevista… en la que hice de todo menos comer.

Entrevista final de Microsoft en Seattle #3

// June 30th, 2009 // 3 Comments » // seattle

El amanecer del tercer día en Seattle llegó con unas sensaciones extrañísimas en el cuerpo: ¿puede el cuerpo estar más nervioso que la propia mente? Sentía todo lo que hacía multiplicado por diez, mis sentidos estaban a pleno rendimiento… la adrenalina acababa de entrar en escena.

El desayuno estuvo cargado de energía y palabras tranquilizadoras… aún recuerdo lo que sentía al masticar un trozo de tarta que cocinamos la noche anterior: me sentía fuera de mi cuerpo pero relajado al mismo tiempo.

A las 9:00 tenía que estar en el edificio 19 (mi memoria es mala, muy mala, pero de esto me acuerdo como si tuviera la cita en 15 minutos) para empezar con una entrevista de recursos humanos. Ximo y Elena me dejaron en la puerta del edificio y juraría que ellos estaban más nerviosos que yo.

Cruzar la puerta de aquel edificio fue una inyección renovada de adrenalina; me reí al pensar que me sentía capaz de correr una maratón. “Buenos días, soy Ivan Rodriguez y tengo una entrevista… bla bla bla” “Sí, escribe tu nombre aquí, ponte la pegatina y espera ahí mientras viene tu recruiter“.

Nada más sentarme, me encontré con otros dos candidatos que serían entrevistados esa misma mañana. Todos ellos, americanos, se extrañaron al oirme decir que venía desde Londres y yo no supe muy bien por qué hasta 5 minutos después.

Mi recruiter, Michelle, es una mujer excepcional porque fue capaz de eliminar por completo el tópico de que los entrevistadores son puñeteros; sin embargo, sus primeras palabras explicaron por qué Ximo y Elena estaban nerviosos y por qué los otros candidatos me miraron raro al ver un europeo entre ellos.

Supongo que te habrás enterado del anuncio que ha hecho Microsoft hace media hora” “Mmmm, no, lo siento.” “Pues siento mucho decirte que se han anunciado 5000 despidos, 1400 ocurrirán esta misma mañana y de ellos, 940 serán aquí en Redmond… no quiero que te hagas ilusiones de recibir una oferta de trabajo, de hecho, hemos tenido que decir a uno de los candidatos que no le íbamos a hacer la entrevista hoy.

No hace falta que os diga el cuerpo que se me quedó. Ximo se había enterado y había preferido no decirme nada para no preocuparme… desgraciadamente, Michelle no pensó igual.

Una de las reacciones más normales es el derrotismo, pero quizás gracias a la cantidad de adrenalina que tenía corriendo por las venas, o a las palabras de ánimos de Ximo y Elena de los dos últimos días, o a lo bien que lo había pasado los últimos dos días, me dije: “Ya sabías que por la crisis era complicado conseguir algo… ahora estás aquí, has ganado cuatro días de viaje a USA y has podido estar con tus amigos… d i s f r u t a   de las entrevistas y aprende todo lo que puedas para la próxima vez“.

Mi respuesta fue una sonrisa bien grande y sincera, tras la que le conteste a Michelle una versión descafeinada de mi pensamiento: estaba allí para pasarlo bien y aprender, sólo por eso ya valía la pena.

¿Sabéis qué suele pasar cuando uno se libera de toda tensión, nerviosismo y expectativa? Que sale lo mejor de uno mismo… elevado al cuadrado.