// June 30th, 2009 // 3 Comments » // seattle
El amanecer del tercer día en Seattle llegó con unas sensaciones extrañísimas en el cuerpo: ¿puede el cuerpo estar más nervioso que la propia mente? Sentía todo lo que hacía multiplicado por diez, mis sentidos estaban a pleno rendimiento… la adrenalina acababa de entrar en escena.
El desayuno estuvo cargado de energía y palabras tranquilizadoras… aún recuerdo lo que sentía al masticar un trozo de tarta que cocinamos la noche anterior: me sentía fuera de mi cuerpo pero relajado al mismo tiempo.
A las 9:00 tenía que estar en el edificio 19 (mi memoria es mala, muy mala, pero de esto me acuerdo como si tuviera la cita en 15 minutos) para empezar con una entrevista de recursos humanos. Ximo y Elena me dejaron en la puerta del edificio y juraría que ellos estaban más nerviosos que yo.
Cruzar la puerta de aquel edificio fue una inyección renovada de adrenalina; me reí al pensar que me sentía capaz de correr una maratón. “Buenos días, soy Ivan Rodriguez y tengo una entrevista… bla bla bla” “Sí, escribe tu nombre aquí, ponte la pegatina y espera ahí mientras viene tu recruiter“.
Nada más sentarme, me encontré con otros dos candidatos que serían entrevistados esa misma mañana. Todos ellos, americanos, se extrañaron al oirme decir que venía desde Londres y yo no supe muy bien por qué hasta 5 minutos después.
Mi recruiter, Michelle, es una mujer excepcional porque fue capaz de eliminar por completo el tópico de que los entrevistadores son puñeteros; sin embargo, sus primeras palabras explicaron por qué Ximo y Elena estaban nerviosos y por qué los otros candidatos me miraron raro al ver un europeo entre ellos.
“Supongo que te habrás enterado del anuncio que ha hecho Microsoft hace media hora” “Mmmm, no, lo siento.” “Pues siento mucho decirte que se han anunciado 5000 despidos, 1400 ocurrirán esta misma mañana y de ellos, 940 serán aquí en Redmond… no quiero que te hagas ilusiones de recibir una oferta de trabajo, de hecho, hemos tenido que decir a uno de los candidatos que no le íbamos a hacer la entrevista hoy.”
No hace falta que os diga el cuerpo que se me quedó. Ximo se había enterado y había preferido no decirme nada para no preocuparme… desgraciadamente, Michelle no pensó igual.
Una de las reacciones más normales es el derrotismo, pero quizás gracias a la cantidad de adrenalina que tenía corriendo por las venas, o a las palabras de ánimos de Ximo y Elena de los dos últimos días, o a lo bien que lo había pasado los últimos dos días, me dije: “Ya sabías que por la crisis era complicado conseguir algo… ahora estás aquí, has ganado cuatro días de viaje a USA y has podido estar con tus amigos… d i s f r u t a de las entrevistas y aprende todo lo que puedas para la próxima vez“.
Mi respuesta fue una sonrisa bien grande y sincera, tras la que le conteste a Michelle una versión descafeinada de mi pensamiento: estaba allí para pasarlo bien y aprender, sólo por eso ya valía la pena.
¿Sabéis qué suele pasar cuando uno se libera de toda tensión, nerviosismo y expectativa? Que sale lo mejor de uno mismo… elevado al cuadrado.